La dulce piel de los ahogados



 

Relato para ENTC

Hay historias del fin del mundo que describen cómo olas de veintisiete metros tragan grandes buques y devuelven a la orilla tesoros hundidos.
Al lanzar la piedra sobre las aguas, rebotó tres veces y se hundió. Me pregunto si esas ondas que se extienden cruzadas sobre la superficie serán olas descomunales para los zapateros de agua, para las libélulas que pululan siempre entretenidas. Se superponen como una melodía líquida de caricias en la piel, dulces y sinuosas como los labios que deseé besar cuando nos divertíamos en baños compartidos. Son las mismas que un día accidental de verano nos separaron para dejar un gusto desabrido de vacío y alga. Me sorprende que algunas ondas sean tan difíciles de traspasar, tan obstinadas como esas piedras que tiras al lago, que yo devuelvo siempre y tú nunca ves.

Sintaxis

http://2.bp.blogspot.com/_lXKBhry3mKE/S5Jr4QdINCI/AAAAAAAAAFY/bboPGeaUBio/s320/paraguas+optimista.jpg



I Premio de Microrrelatos “Hasta el 40 de mayo”, organizado por El Club de los Paraguas Perdidos.


Con este calor reconoceré, querido paraguas, que fuiste un complemento circunstancial, un sujeto paciente de mis oraciones, uno de esos objetos indirectos apartados, pues tus atributos no servían para la lluvia (aquí “llover” es arcaísmo). Abrirte era buscar la impersonalidad meteorológica; llevarte, un presente de imperativo sin uso; sujetarte, un anacoluto en mi fisonomía. Disculpa si te sentiste subordinado a mi sombrilla; en ocasiones, la realidad se muestra relativa, sin lugar, ni tiempo, ni modo.

Así que, sí, me alegraré siempre de que, en aquel día canicular sin taxis, nos protegieras, a ella y a mí, de la tormenta.

Maquillaje





Es sabido que el aire se compone de nitrógeno, oxígeno y publicidad. Los aires de la modelo exitosa de antaño se desvanecen en las segundas páginas de las revistas de moda. Ella se reconforta leyendo una novela superventas de autoayuda que le regala su jefe. Una ficción en la que la heroína recorre el mundo como espía; se disfraza de soldado y mata-hari; precisa sobrevivir en las pasarelas entre dedos depredadores;  se enmascara en múltiples rostros maquillados; se casa, se divorcia y vuelve a contraer nupcias con un hombre veinticinco años más joven. Es ama de casa ideal y cocina unas magdalenas apetitosas. Y toda esa vida afanosa, tras doscientas cincuenta páginas, no sería igual sin su crema desmaquilladora, que aparece en un anuncio desplegable a todo color como colofón del libro.
De cualquier forma, y sean cual sean sus conclusiones, no olvide que este microrrelato se encuentra bajo el patrocinio y la gentileza de la marca “Smith and Jonhson’s Corporation”. Pregunte por nuestra gama cosmética en su farmacia más cercana.

El espectáculo debe continuar


 thomas-hoepker-usa-reno-nevada-1963-a-clown-at-a-lunch-counter-in-a-diner-800x537
 Fotografía de Thomas Hoepker.


 La obligación del verdadero artista es dar un paso más allá, fijarse en los detalles y no repetir demasiado los números. En tres ocasiones me satisfizo la función especial para niños. En otras dos, gocé ante público anciano. Una vez reconozco que fui ritual y aburrido. Esta vez la camarera sirve el café con sonrisa labiodental. Pensé: “Podría amarte...”, y ella dijo: “¿Solo o con leche?”. Muevo la cuchara y rostros comunes se revuelven en los espejos frente a la barra, como mutilados en serie. Hundo el azucarillo y un codo frío de mujer se clava y me empuja hacia adelante.

El remolino del café me arrastra a un cero en espiral, al objetivo del fotógrafo, al cañón de la pistola guardada en mi costado. Extrañamente excitado, he vertido gotas de café en mis pantalones estampados. Una vez que el fotógrafo pulse el botón, comenzará el espectáculo.

Profundidad de campo

 El fotoperiodista Mahmoud Abou Zeid, conocido como Shawkan.


Mención de Honor en el Concurso de Microrrelatos de Anmistia Internacional (Madrid).



 A través del ventanuco de la celda de aislamiento, Mahmoud Abou Zeid, el reportero, solo puede ver un trozo de cielo uniforme y una luz dura como la del encuadre desenfocado de su cámara, como las imágenes vagas y difusas de televisión que velan la verdad en su país. Y recuerda, como su madre contaba los astros de las constelaciones, y le decía que cada una de ellos despedía el brillo de una palabra silenciada en el pasado.

Por eso, al llegar la noche, Mahmoud imagina fotografías, mientras lanza piedrecillas al campo para levantar a las luciérnagas, para mezclar con su vuelo infatigable la luz remota de las estrellas.

Nueva Era

Sepan ustedes que el hombre es el mejor amigo del perro, pero que, blanco o negro, el perro siempre es perro.
Pero no, de ninguna manera lo haría. No podría abandonar a un ser próximo, aunque sea con la excusa de unas buenas vacaciones en el mejor de los balnearios. No es civilizado. Y es que nuestra sociedad, aunque, en progreso, no ha superado ciertas barreras morales. Estamos perfectamente organizados: educación, gobierno, sanidad,… Instruimos a nuestros cachorros en la decencia del respeto al prójimo y a las diferentes razas; invertimos tiempo en cultivar su ciudadanía, en el crecimiento y cuidado del desarrollo sostenido, en la protección de los parques y jardines. Configuramos una verdadera sociedad avanzada, y sabemos que antaño el hombre ha sido un lobo para sí mismo. Por eso, por presumir de ser raza superior, los perros infravaloramos a los hombres, y dejamos que caminen perdidos por las autovías, que aparezcan salvajemente atropellados, que se desangren en ruedos improvisados o que sean colgados de los árboles por galgos vengativos desaprensivos.
Tan solo, un problema estructural deriva del almacén de animales de compañía, donde, desde la Nueva Era Canina, nacen, se reproducen, molestan y gritan mucho los humanos.